¿Perón eran nasheeee? Y del nazismo, en general (Parte II)


   

Todo el post anterior fue solo para tirar algunas líneas sobre la época y antecedentes. Imagínense lo que me cuesta la síntesis. Pues bien. Quiero llegar al meollo del asunto: la demostración de que Perón no era nazi. Y quiero hacerlo de forma tal que evite el tiroteo de casos anecdóticos y chicanas y prejuicios milenarios que impiden cualquier apreciación levemente objetiva sobre esa época tan rica y tan compleja.

Lo curioso es que la respuesta cae por simple sentido común. No hace falta leer demasiado sobre el tema ni buscar oscuros tiktoks de idiotas conspiranoicos. Pero si quieren leer alguna vez, recomiendo la biografía de Perón de Page, y los libros de Potash y Rouquié sobre poder político y militar en la Argentina. Ninguno de ellos es peronista, probablemente para un peronista suenen gorilas, pero la verdad es que tienen poco de antiperonistas para ser autores extranjeros, donde Perón y Evita fueron siempre vistos como Hitler y Eva Braun entre bananas y palacios tropicales. Y Page, en particular, fue el hombre que desarmó mi antiperonismo y lo convirtió en un simple no peronismo con tan solo una observación.

¿Por qué digo que Perón no era nazi? La pregunta es más bien a la inversa. Veámoslo un poco con tus ojos, amable audiencia antiperonista. Tenemos a un presidente omnipotente. En las radios, en los cines, sonaba a toda hora la propaganda oficial. Apold controlaba toda la información con un celo que envidiaría el mismo Magnetto. La Corte Suprema le era adicta. En el Congreso votaban sin chistar cuando no se dedicaban a competencias a ver quién hacía el homenaje más extravagante al Líder. Cada rincón de la Argentina se llamaba Perón, Evita o Perón y Evita. No había lugar a donde no llegara el poder del General. Podía (y lo hizo) detener a cualquiera, sin demasiados motivos. Gran parte de todo eso es cierto, dicho sea de paso (y es una de las razones por las que todo lo bueno, que ya nombraré en algún otro momento, no me bastan para hacerme peronista). 

 Entonces, ¿podés explicarme cómo un tipo con semejante poder, si era nazi, no movió un dedo para imponer un régimen nazi? No, que a tu abuelo lo putearon por judío en esa época no es un régimen nazi. No, que hayan venido 10, 100, 1 millón de nazis a la argentina no es un régimen nazi (por empezar, porque todos esos nazis que EE.UU gusta tanto de señalar en la Argentina ajena y de ignorar en los estados propios vivieron vidas anodinas sin mayor poder y más escondidos que otra cosa). Que Perón haya dicho alguna vez no sé qué de la sinarquía internacional no basta para tener un Cuarto Reich. Que existía una derecha antisemita como la ALN tampoco. Son todas muestras de que efectivamente la Argentina (y el peronismo en particular) tenía un lado bastante tolerante con el nazismo (lo seguiría teniendo bajo todos los demás gobiernos que no fueron llamados nazis por eso). 

¿Dónde estaban los campos de concentración? ¿Dónde las temibles SS? ¿Dónde los fusilamientos (que los hubo antes y después pero, curiosamente, no durante esos dos gobiernos de Perón) ¿Dónde, en definitiva, el proyecto genocida? En ningún lado. El tipo podía hacer lo que quería y resulta que no hizo aquello que según sus opositores más quería. Y a eso hay que sumarle el reconocimiento del Estado de Israel y demás. Perón fue nazi en la misma medida en que Ginóbili es un enano, solo que muy alto. Por eso, como descendiente de judíos, como persona que en las reuniones en la casa de mi abuelo todavía podía ver a algunos invitados que tenían tatuados los temibles números de Auschwitz y Birkenau no me causa conflictos el débil antisemitismo de Perón.

Si querés criticar el lado más represivo del gobierno de Perón se puede hablar de autoritarismo, personalismo, represión, y (además) discutir sus políticas sociales y su impacto (sin lo cual nos quedamos en la mera crónica policial). La acusación de nazi fue fogoneada en su momento por un gobierno (el estadounidense) mucho más implicado en la protección del nazismo de posguerra, solo como una forma chapucera de oponerse a Perón. El efecto de creer que la Argentina es un país nazi a la expectativa, como un volcán de esvásticas dormido, sigue afectando hasta hoy el juicio de muchos funcionarios extranjeros que tienen que tratar con el país. Por eso me parece grave el tema, por eso quería señalarlo y más que nada, porque algunos mitos no se sostienen ni ante el sentido común.


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